El Problema

Actualización de la JID sobre el Desminado Humanitario, Octubre 2003

Los países de Centroamérica fueron focos de conflictos militares durante varias décadas antes de los años 90. Frecuentemente durante los conflictos, tanto los gobiernos militares como la guerrilla colocaban minas terrestres. La mayoría de las minas que se usaban se fabricaban en países fuera de la región, pero las fuerzas irregulares también usaron explosivos improvisados, elaborados localmente. En algunos casos, la colocación de las minas en los campos se registraba con diferentes niveles de precisión y detalle. En muchas instancias, la intención de los campos minados era para contrarrestar las medidas de infiltración que se presentaban en las fronteras nacionales que no fueron marcados ni registrados. La minas se colocaban en las proximidades de las principales instalaciones oficiales e industriales como los centros de telecomunicaciones, cables de energía eléctrica y puentes, además de caminos y carreteras. Minas antipersonales fueron usadas en sudamerica, en el conflicto frnterizo de Peru- Ecuador en el año1995. El fin de los conflictos en Centroamérica dejó el legado trágico de la presencia de más de 100,000 minas en toda la región.

Al terminar los conflictos, en ambas regiones, se inició un gran esfuerzo para restaurar la paz y seguridad en los países de Centro y Sudamérica. No obstante, las iniciativas de consolidación de la paz han sido impedidas por los efectos devastadores de los campos minados. A pesar de todo el tiempo que ha pasado después del fin de los conflictos, el número de muertos y heridos sigue aumentando. Actualmente, estas armas que, en el pasado se dirigían contra soldados enemigos, continúan generando nuevas victimas civiles. En muchas áreas, la población local vive con el temor a esta amenaza que, como consecuencia, impide la restauración de una vida normal.

Aparte del temor, dolor y sufrimiento provocado por las minas, también son la causa de muchos problemas socio-económicos que enfrenta la población rural. Grandes extensiones de tierra siguen sin utilizar como resultado, lo cual impone una carga onerosa a las áreas en donde la agricultura constituye la principal fuente de ingreso. Esta traba al desarrollo agrícola debido a las minas colocadas limita las oportunidades de trabajo en las áreas afectadas dejando comunidades enteras aisladas y en crisis económicas. A pesar del aumento de peligros que enfrentan los que viven y trabajan al interior o cerca de áreas minadas, muchos están obligados a permanecer debido a las presiones demográficas.

La presencia continua de campos minados gravemente inhibe los esfuerzos de consolidación de la paz y la democratización. En donde se encuentren minas se vuelve problemático establecer o restaurar los servicios del gobierno. El temor a las minas retrasa el regreso de los refugiados y personas desplazadas a sus hogares además de privarles el uso de sus terrenos usable, que, a su vez, contribuye a aumentar la presión demográfica en la obtención de tierras disponibles y se debilitan las condiciones necesarias para establecer los mecanismos socio-económicos que sustentan la paz y la democracia en America del Sur y Central.

El incremento en el nivel de la conciencia sobre el problema de las minas en el ámbito internacional, ha impulsado una iniciativa de prestar asistencia para los países afectados por esta tragedia continua. La tarea básicamente humanitaria del desminado se considera de extrema urgencia debido a los impactos en lo atañe la seguridad y el bienestar económico de los ciudadanos de la región. La eliminación de las minas también es un componente inevitable y de máxima prioridad para lograr los procesos de paz, el desarrollo económico, la integración regional y la consolidación de la democracia en Centroamérica.

MANUAL DE PROCEDIMIENTOS OPERATIVOS DE DESMINADO HUMANITARIO DE LA JID